Bi-discriminación, palos por todos lados

Bi-discriminación, palos por todos lados

12 abril, 2016
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El movimiento LGTBI+ ha intentado, desde siempre, ser lo más inclusivo posible. Desde que inicialmente se refiriera a la comunidad como “colectivo gay” y se decidiera siempre, ser lo más inclusivxs posible. Desde que inicialmente se refiriera a la comunidad como al “colectivo gay” y se decidiera cambiar esta denominación para evitar crear la creencia equívoca de que sólo se refería a hombres, las siglas se han ido ampliando y cambiando de orden, hasta llegar a LGTBIA o LGTBI+. Incluso la Wesleyan University usa las iniciales LGBTTQQFAGPBDSM (tela). Algunxs teóricxs dicen que con tanta sigla se acaba diluyendo la identidad de cada opción. Pero lo que es peor es que dentro de esta acumulación de siglas en pro de la inclusión, se sigue reproduciendo esta discriminación: la B dejada de lado.

La eterna clasificación “de lxs nuestrxs o de lxs otrxs”, hombre o mujer, se aplica inconscientemente en las relaciones dentro del colectivo. Pongamos el caso de un encuentro entre diferentes hombres en un local, y durante la conversación, al chico que viene por primera vez y no es conocido por todos se le pregunta: ¿tú eres gay? Y el chico responde que no. Ya no se pregunta nada más. Se da por hecho que, si no es gay, tiene que ser heterosexual. En tanto que ya no es gay, ya sea porque se establece una diferencia entre los que sí que lo son, o bien porque deja de ser un objetivo sexual en el caso de ser aquél un encuentro entre gente promiscua (no todas lo son, ¡falso mito!), el trato puede pasar a ser diferente. A veces, involuntariamente diferente. Y lo mismo puede pasar en el caso de las mujeres. Si no eres lesbiana, será que eres heterosexual. El solo hecho de no contemplar la posibilidad de la bisexualidad, ya es un tipo de discriminación; inconsciente, pasiva. Pero las hay también conscientes y activas. Como es el hecho de tratar a los bisexuales de “indefinidos”, tanto desde dentro de la comunidad como desde fuera. “Lo que os pasa es que no os atrevís del todo a ser gays” o “una bisexual es una lesbiana que aún no se ha decidido del todo” son comentarios que se pueden oír y son hirientes. Como también lo es el calificativo de “bi-ciosos”, como si en verdad ser bisexual no fuera una verdadera orientación sexual sino sólo una estrategia deshonesta para poder acceder a cuantas más parejas sexuales mejor. Negar un estatus es un intento de hacer inferior. Esto sin dejar de comentar que decir “yo soy bisexual es, para muchas personas heterosexuales la gran estrategia para mostrarse de mentalidad abierta, transgresora (y cómo no, poder llevarse a la cama a cuantas más posibles parejas sexuales). Mientras que a la hora de la verdad, las máscaras caen de prisa.

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No sé si alguien se ha parado nunca a mirar la bandera del orgullo bisexual (tres franjas horizontales, la central más estrecha, siendo de color rosa la superior, lila la intermedia y azul la inferior). Yo, la primera vez que la vi me dije: qué horror, ¿se puede saber quién la he escogido? ¡Si a duras penas se distinguen los colores! Y es que justamente las varientes de rosa, lila y azul están escogidas expresamente para crear esta ilusión óptica de indefinición. Un acto voluntario de remarcar la situación en qué se encuentran las personas bisexuales, a caballo entre el gusto por los dos sexos mayoritarios, cuasi indistinguibles dentro del movimiento gay y lésbico. También el animal tótem de lxs bisexuales es el unicornio. Y justamente, en el argot del mundo swinger, “unicornios” es como se llama a las chicas bisexuales. Objeto preciado por las parejas heterosexuales que buscan una persona que pueda jugar con lxs dos a la vez. Pues sí, casualmente en el mundo swinger se preconsidera que las chicas serán bisexuales (los chicos en cambio, siempre straight). En el mundo de Harry Potter, matar a un unicornio para beberse su sangre era un acto de la mayor maldad. En el mundo real, codiciar a una persona bisexual al mismo tiempo que se la margina, puede ser algo que esté en el orden del día. Fiestas sólo de chicos. Fiestas sólo de chicas. ¿Qué pasa con las parejas bisexuales? ¿No pueden salir juntas?

En todo caso, es un buen signo del trabajo que queda todavía por hacer, ver cómo en el mundo LGTBI+ se continúa perpetuando el pensamiento dicotómico heteronormativo. En los actos, en el lenguaje, en el pensamiento. Se reproduce a pesar de ser de lo que se quiere alejar. Dos sexos, dos orientaciones. Sexos tantos como personas, orientaciones tantas como marque la brújula.


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