DEL QUÉ Y EL CÓMO

DEL QUÉ Y EL CÓMO

5 septiembre, 2018
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Hace años entré a trabajar en una fundación sin ánimo de lucro. Se dedicaba al mundo de la formación. Todo el mundo a quienes les decía adónde iba, me advertían “cuidado, tratan fatal a los trabajadores”. Pero no podía elegir, estaba en paro y necesitaba trabajo. El primer día, al llegar a casa, tuve un ataque de ansiedad. Era horrible. Aguanté. Pude cambiar de departamento y respirar un poco más aliviado. Compartía espacio con gente genial que, porque creían en la finalidad de la entidad, daban cuerpo y alma al proyecto. El problema estaba en la filosofía de la empresa. Desviaban los recursos de unos proyectos a otros menesteres. Trabajabas sin material, sin tiempo para preparar nada, haciendo horas extras no pagadas, expuesto a agresiones por parte del alumnado. Todo se necesitaba para ayer. Todo eran gritos. Mi jefa se vanagloriaba de hacer llorar a sus subalternos. Varias veces, por la noche, yo también acababa llorando mientras cenaba. Aguanté allí tres años. ¿Denunciable? Mucho.

Seguramente muchas de los que leéis diréis que eso atenta contra los derechos de los trabajadores, que ese trato es inhumano. Que hay que denunciarlo. Otros diréis que no todas las fundaciones son así, que hay ONG que trabajan de maravilla (y es cierto). Pero no creo que a nadie se le ocurra decir que hay que abolir el mundo de la enseñanza por el hecho de que haya mangarranes que exploten, esclavicen, maltraten y denigren. En cambio, sí que lo decís cuando se trata de trabajadoras sexuales. Contra el trabajo sexual y quien lo ejerce se usan argumentos centrados en el cómo. Que si muchas están obligadas. Que si las condiciones son pésimas. Que si van drogadas para aguantar. Que si se ejerce violencia contra ellas. Pues sí, sí, sí y sí. Todo cierto.

Que levante la mano quien no haya tenido que aguantar, obligado, en un curro de mierda porqué la hipoteca no se paga sola. No hay un proxeneta que te zurre, el capitalismo tiene métodos más sutiles de ejercer control y violencia. Para condiciones pésimas, id a ver los temporeros que trabajan en Lleida, durmiendo en cobertizos, o directamente en la calle. Drogas. Ya lo decía Rosendo, cocaína para trabajar porqué mi curro me lo exige. Y porros antes de subirse a la furgoneta de reparto, y solisombras en el andamio. Por no decir la cantidad de transportistas con sinusitis que me he encontrado de noche en la A2 para cumplir lo del paquete en 24h. Y si hablamos de violencia, no sólo la violencia física es violencia. La psicológica, el acoso, la violencia económica, recordad que también existen.

Quitaros las máscaras. No os molesta el cómo, os molesta el qué. Pues por muy progres y feministas y escorados a estribor que seáis, seguís teniendo grabada a fuego la idea de que el sexo es malo. Que el sexo hay que tenerlo artesanal, libre y voluntario. Un acto de amor (romántico). Vaya, ¿que no puedes acceder a sexo gratis? Te jodes por no tener suficientes habilidades (o un cuerpo atractivo) para ello. Cada vez que vayáis a un restaurante y alguien cocine para vosotros porqué ante los fogones sois unos inútiles, ¿deberíais sentiros igual de mal? No es capaz de hacerse su propia comida, que se joda y pase hambre. Ah no que, si un cocinero tiene que currar en horarios intempestivos, bajo presión, con elementos cortantes y quemaduras en su cuerpo por el aceite o el horno… eso no pasa nada. Que hagan un sindicato y se defiendan de la patronal que las explota. Yo quiero mi filete poco hecho. Y por cierto, en la cocina también se drogan.

¿Que comerciar con tu cuerpo es degradante? Desengáñate, tú también comercias con tu cuerpo, solo que a ti se te paga por tus manos y (con suerte) por tu cerebro, y a ellas también por sus bocas, anos y vaginas. Como dice mi suegra, quien alquila su culo no escoge cuando sentarse.

 

DIEGO-RIVERA-CADENA-MONTAJE-FORD


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