LAS LEYES DE NEWTON

LAS LEYES DE NEWTON

15 febrero, 2019
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Cada vez veo más claro lo que Hesse exponía en El juego de los abalorios. Hay un algo que conecta todas las ramas del saber. Un principio rector que es presente tanto en la botánica como en la historia. En la geografía o en la ética. Algo que hace que todo conocimiento esté ligado y funcione de forma parecida. Y que se pueda traspasar el modo de funcionamiento de una disciplina a otra.

La gente que pasa por mi consulta está cansada de ver cómo aplico los principios de la ecología al tratamiento psicológico. La última incorporación ha llegado, como tantas otras, por casualidad.

En el siglo XVII, posado bajo un melocotonero, Isaac Newton meditaba cuando el caer de una nectarina le hizo tener una epifanía y formuló al instante las tres leyes que establecerían el marco teórico básico de la física durante trescientos años. A saber:

  1. Si sobre un cuerpo, parado o en movimiento, no actúa ninguna fuerza, éste seguirá tal cual estaba.
  2. Si sobre un cuerpo se aplica una fuerza, este se moverá en proporción a ésta.
  3. Cuando se ejerce una fuerza sobre un cuerpo, éste generará otra igual en sentido opuesto.

¿Y esto qué tiene que ver con la psicología? Simple. La física mira el comportamiento de la materia; la psicología la conducta de la materia con consciencia.

Cualquier persona puede encontrarse en un momento cualquiera de su vida. Si no hay nada que actúe sobre ella, seguirá tal cual. Si nuestra vida es feliz y nada cambia, seguiremos siendo felices. Si nuestra vida es un no parar de estrés y no hacemos nada para corregirlo, seguiremos estresados. Y si estamos deprimidas en un sofá y nada hacemos, cuando despertemos el sofá y la depresión seguirán allí. Si te gusta cómo van las cosas, sigue igual. Si no te gustan ya sabes, pasa a la segunda ley.

Cosa que nos lleva que, para cambiar aquello que no nos funciona en nuestras vidas, hace falta aplicar una fuerza. A veces interna, que salga de nosotras mismas. A veces externa, que venga cual deus ex machina y nos sacuda. Cuanto mayor sea dicha fuerza, más efecto generará. Si no hay efecto perceptible, quizás es que la fuerza no era lo suficientemente grande. Nos falta un revulsivo mayor para salir de nuestro estado. Tened por seguro que la mayor fuerza de todas y la más potente es la voluntad.

Por último y personalmente creo que más importante, no olvidemos la tercera ley. Acción reacción. Esa fuerza que se aplique sobre mí, de buenas a primeras generará un rechazo. O mejor dicho una oposición. Si una fuerza externa quiere moverme, de dentro me saldrá algo que quiera mantenerme quieto. Y si quiero frenar mi ritmo infernal, de seguro que algo me dirá: ¡no puedes, tienes que continuar! Pero la acción reacción es algo que tanto vemos sobre nosotras mismas cuando las fuerzas nos influyen, como en las demás personas cuando somos nosotros quienes aplicamos fuerzas sobre ellas. Si la fuerza que yo emano está cargada de positivismo, fácilmente me encontraré una respuesta de positivismo hacia mí. Si voy por la vida propagando tristeza y desazón, desazón y tristeza recibiré.

Las personas, como las partículas atómicas, tenemos una energía interna que nos mantiene. Podemos sacar hacia fuera esa energía sin suponer ello nuestra fisión y destrucción. Es una gran ventaja. Pues nuestra energía vital es renovable si la sabemos alimentar como toca. Ventajas de tener consciencia, a diferencia de otros tipos de materia.


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