SEXSHOPS: DE AYUDA A LA MUJER A TEMPLO DEL PLACER MASCULINO

Si hay algo que dé placer cuando se está realizando una investigación, es hacer pequeños descubrimientos personales fuera de lo planificado. Tú vas a lo tuyo, y de repente, ¡zas! Una pequeña joya aparece ante ti.

Y esta vez a sido en forma de historia. Indagando sobre los orígenes del BDSM en España, iba buscando información sobre sex-shops. Sabía que el primero que se anunció como especializado en BDSM fue el de la calle Aribau 135 de Barcelona, Safo. Pero no era este el primero de España en abrir. El primero fue Kitsch, regentado por Adelina, una de las personas más maravillosas con las que he tenido el placer de coincidir y trabajar. Esto era en 1978 y, dicho sea de paso, se lo cerraron en 3 meses y tuvo que volver a abrir en otro emplazamiento… y hasta hoy. 40 años de nada.

Pues, ya que estaba viendo historias de los sexshops, he seguido mirando y me ha encantado ver el origen del primer sexshop del mundo. Nada de sordidez, si no empoderamiento femenino.

Todo empieza con Beate Köstlin, una chica prusiana a quien se le metió entre ceja y ceja ser piloto de avión. En una época en la que las mujeres de libertades, más bien pocas. Y lo logró. Pero con la Segunda Guerra Mundial enrolarse en la Luftwaffe era la única forma de seguir volando, ni que fuera para transporte aéreo (ni de lejos dejarían llevar un caza a una mujer). Acabada de casar, tuvieron que suspender la ceremonia de la boda pues su marido, piloto también, fue llamado a filas. Hans-Jürgen Uhse moriría de accidente aéreo durante la Guerra y a Beate, viuda y con un hijo, le fue prohibido volver a volar como a los demás pilotos de la fuerza aérea nazi (era parte de las condiciones de la capitulación).

Se buscó la vida como pudo. Mercado negro, yendo a vender de puerta a puerta. Y quienes le abrían eran amas de casa, muchas de ellas con hijos e hijas a su cargo después de una mala planificación familiar. Escuchaba sus lamentos por verse cargando con descendencia que no habían buscado. Aguantando a maridos con nula sensibilidad hacia su sexualidad. Con ITS mal curadas por falta de conocimientos sobre salud sexual. Y ahí estaba la clave, la falta de conocimientos. Se decidió a abrir un centro en el que poder aportar a esas mujeres la información que les ayudara a tener una mejor vida sexual y una adecuada planificación familiar. Y evidentemente para venderles los productos que les sirvieran para ello, que de algo hay que comer. Y así nació el 1962 la Beate Uhse AG, donde se podían encontrar guías de sexualidad, preservativos y sí, juguetes sexuales.

No voy a entrar más en la vida de Beate, la podéis buscar en la Wikipedia. Pero sí a reflexionar. ¿Por qué de un espacio para la mejora de la vida sexual de la mujer, se pasó a antros sórdidos? ¿Por qué se convirtió lo que buscaba ser una mezcla de negocio y servicio público para la mujer en el emporio del placer masculino? Donde las películas X están mayormente pensadas para hombres. Donde muchos de los juguetes estaban planteados para el placer masculino (sólo hay que ver algunas de las cajas, con chicas recauchutadas, que buscan llamar la atención del sector masculino). Quizás es que la sociedad que cargó a Beate con más de 2000 procesos judiciales seguía diciendo no, la mujer no tiene derecho a una sexualidad placentera. A tener hijos y a ser pura y casta. El placer, para el hombre. Pero eso sí, tachándolo de guarro y pervertido, haciéndole sentir que hace algo malo, al pasar por esas puertas de cristales tintados y esos pasillos largos y oscuros de cabinas.

Por suerte los sexshops de los 80’ están en su mayoría desaparecidos o reconvertidos. Han apostado por la luz y la estética. Por hacer un entorno más amigable que no dé la sensación de estar pecando por gozar. Y hay casas de juguetes que están haciendo líneas de productos pensados por y para las mujeres. Beate, te ha costado casi 60 años, pero al fin empiezan a ser lo que te hubiera gustado que fueran.

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